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Repensar la Educación

EDUCAR LAS EMOCIONES 3.Cómo conocer y educar nuestras propias emociones y las de nuestros hijos

Conocer cómo se producen y manifiestan los principales sentimientos nos ayudará a comprender el mundo emocional de nuestros hijos.

Vamos a profundizar en tres emociones básicas:

z la tristeza
z la rabia
z la alegría

La tristeza

La tristeza es una emoción que aparece ante una situación vivida como una pérdida de algo o de alguien.

Cualquier pérdida va vinculada al duelo y el duelo, a su vez, está relacionado con tres momentos: llorar, recibir consuelo y permitirnos un espacio de soledad para poder reflexionar, reestructurar el pensamiento, poner las cosas en su sitio… y continuar adelante.

Esto pone en evidencia cómo, ante la tristeza de nuestros hijos, respuestas como: “No llores.”, “No estés triste.”… no sirven para nada.

Todos necesitamos un tiempo para superar este sentimiento. Además, la forma de sobreponerse a la tristeza será diferente según la persona y la situación.

La rabia

La rabia es una emoción que surge ante algo que vivimos como injusto. Esta emoción pide poder expresar la indignación y el disgusto que sentimos. Lo difícil es hacerlo sin perjudicarnos a nosotros mismos o a los demás.

Una emoción negativa no superada nos puede llevar a sentir otros sentimientos negativos. Es el caso de la rabia, que si no se “digiere” adecuadamente, puede derivar en un sentimiento de rencor o de hostilidad.

La forma de canalizar la rabia puede ser muy diversa (haciendo deporte, saliendo a caminar, practicando yoga, explicando lo que ha sucedido a alguien, dando un grito, duchándose, etc.).

Es nuestra responsabilidad ayudar a nuestros hijos a adoptar estrategias sanas para superar los momentos de rabia.

La alegría

La alegría es una emoción que aparece ante una situación vivida como un logro. Esta emoción invita a compartir este éxito con los demás.

En un entorno “enfermo”, lo que une al grupo es compartir desgracias, estando mal visto transmitir alegría o contar sucesos felices.

Esto genera una especie de “competición perversa” para demostrar quién es más desgraciado. Sin darnos cuenta, se acaba creando un ambiente insano en el cual es difícil vivir sin contagiarse del pesimismo.

Analizar nuestros propios sentimientos e intentar comprender las emociones y reacciones de nuestros hijos, nos ayudará a educarles y a acompañarles en su desarrollo emocional.

Es fundamental instaurar en nuestra familia la cultura de la alegría y la celebración (celebrar los éxitos de todos, compartir las buenas noticias, etc.).

Somos los principales modelos de nuestros hijos; la forma en que reaccionemos ante las distintas emociones, condicionará la forma en que lo harán los niños.




escrito el 18 de Febrero de 2010 por en 3º Primaria

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